martes, 20 de marzo de 2012

Emociones e inteligencia en los perros

Un interesante artículo de M.V. Claudio Gerzovich Lis Comportamiento animal Buenos Aires - Argentina.

¿Son inteligentes los perros con quienes convivimos?; ¿tienen imaginación?; ¿pueden ellos
actuar racionalmente?; ¿pueden pensar?; ¿tienen sentimientos?
Es muy frecuente escuchar tanto en el ámbito científico como en el popular respuestas
contundentemente negativas a estos interrogantes. Para quienes sostienen esta postura los seres
humanos somos los únicos seres inteligentes sobre nuestro planeta, los únicos que actuamos
racionalmente, los únicos que podemos pensar y aún más los únicos que tenemos
sentimientos (amor, odio, celos, culpa). Un exponente de esta corriente del pensamiento fue el
filósofo francés René Descartes (siglo XVII). Descartes sostenía que los animales carecían de
estado consciente, de inteligencia y de cualquier proceso mental análogo al del ser humano.
Muchos psicólogos y fisiólogos compartieron, e incluso comparten en la actualidad, este concepto.
Para ellos los procesos mentales superiores que rigen el comportamiento humano están
gobernados por principios distintos de aquellos que rigen el comportamiento animal. Suelen
afirmar que los comportamientos de los animales son de dos tipos: instintivos y producto del
condicionamiento. Si bien es cierto que el movimiento de la cola y el ladrido en los perros son
comportamientos instintivos, la risa, la sonrisa y el llanto de los humanos también lo son.
Evidentemente no sólo los animales son portadores de este tipo de patrones de
comportamiento.
Sin embargo, los perros no manifiestan los comportamientos
instintivos en cuestión, en forma indiscriminada sino que ellos deciden cuándo y hacia quien
dirigirlos. Dicha capacidad de discriminación implica un grado rudimen tario de razonamiento
inteligente, más aún cuando los perros suelen utilizar estos comportamientos para influir e
incluso manipular a sus dueños para obtener atención, comida o un paseo.
Por otro lado muchos propietarios de perros, haciendo caso omiso de las opiniones que niegan la
capacidad de pensar, imaginar y sentir de sus animales, no dudan en afirmar: "A mi perro sólo
le falta hablar", "mi perro es sumamente inteligente, mucho más que muchas personas que
conozco", "mi perro es tan inteligente que cuando quiere salir a pasear me trae la correa y
cuando quiere jugar me trae su pelota", son comentarios corrientes entre estos propietarios. Si
bien la mayoría de estas personas no son imparciales producto de que tienen un vínculo
sumamente estrecho con sus animales y además no poseen los conocimientos para realizar
estudios objetivos, ellos no dudan en afirmar que sus animales son inteligentes, pueden pensar
y desde ya tienen sentimientos.
¿Cuál de estas dos visiones acerca de estos temas es la correcta? ¿Dentro del ámbito científico
existen opiniones que avalen las afirmaciones recién mencionadas?
Para contestar el primer interrogante es necesario aclarar a qué nos referimos cuando hablamos
de inteligencia, pensamiento, imaginación y sentimientos. Tomemos como ejemplo a la
inteligencia. Una definición que tiene consenso entre la mayoría de los científicos es aquella que
dice que la inteligencia es la capacidad de enfrentar símbolos, relaciones y nuevas situaciones o
problemas y resolverlos de una manera adecuada. A partir de esta definición muchos sostienen
que la inteligencia de los perros es más un mito que una realidad.
Sin embargo, desde la filosofía Aristóteles (384-322 a.C.) sostenía que la razón de los animales
difería de la nuestra no por su naturaleza sino del más al menos. A su vez un científico prominente
como Charles Darwin en su libro "La descendencia del hombre" sostenía que la diferencia entre la
inteligencia de los seres humanos y la de muchos animales era cuestión de grado y no de clase.
Más aún Darwin afirmaba que "las distintas emociones y facultades - como el amor, la memoria,
la atención, la curiosidad, la imitación, etc.- de las que se jacta el hombre, se encuentran en
forma incipiente y a veces bien desarrolladas en los animales inferiores". Otras autoridades
científicas comparten esta visión de los hechos. El Profesor Donald Griffin (autor del libro Animal
Awareness), el Dr. Stephen Walker (autor del libro Animal Thought) y especialmente una de las
autoridades más conocidas y reconocidas en cánidos, el Dr. Michael W. Fox (autor de
innumerables artículos científicos y varios libros) concluyen que los animales poseen, en grado
variable, capacidad de razonamiento, sentimientos y comportamiento inteligente.
Veamos cómo algunos ejemplos cotidianos, que todo dueño de perro reconocerá haber observado
en algún momento de la convivencia con sus animales, parecen demostrar que es posible afirmar
que los seres humanos no somos portadores exclusivos de los atributos que estamos tratando.
Inteligencia
Un perro roba una servilleta a su propietario y para no ser alcanzado comienza a correr alrededor
de la mesa. El dueño sumamente enojado comienza a perseguirlo. Por supuesto el perro corre
más rápido que él. El humano, poseedor de una gran inteligencia, decide dar la vuelta y corre
para el lado opuesto intentando de esa manera atrapar al perro. Para su sorpresa el perro hace
lo mismo. Conclusión el dueño del perro agotado y sin poder agarrar a su animal decide esperar a
que éste se digne a dejar la servilleta. Evidentemente el perro se enfrentó a un problema y lo
resolvió de una manera adecuada.
Imaginación
Está comprobado que los perros sueñan. Cuando un perro sueña
suele emitir sonidos diversos, tales como gemidos, gruñidos o suaves ladridos y realizar pequeños
movimientos con su cuerpo. Seguramente deben ser capaces de imaginar cosas, un componente
básico de la capacidad del pensamiento.
Depresión (tristeza):
Una familia sale de vacaciones y decide dejar a su perro en un pensionado canino. El animal
presenta anorexia (deja de comer), adipsia (deja de beber) y permanece indiferente a todo tipo de
estímulo.
Odio
En el vecindario hay un niño que habitualmente pasa por una casa donde hay un perro tras una
reja. El niño azuza cotidianamente al perro a través de la reja. El perro cada vez que el niño
realiza esta acción ladra con furia. El niño sigue su camino y deja en paz al perro. En la casa
donde vive el perro hay niños y habitualmente van amiguitos con los cuales el perro presenta un
comportamiento ejemplar. Un día el propietario del perro al salir a pasear con su animal se
sorprende al percibir que su perro intenta abalanzarse y agredir a un niño en la calle por lo que
debe retenerlo de la correa con fuerza para evitar que el niño sea agredido. Será fácil para el
lector deducir qué niño había sido blanco de la agresión del perro.
Amor
Una familia convive con tres perros. Uno de ellos muere. La familia consternada decide enterrar al
animal en el jardín de la casa. Los otros dos perros están al lado de los humanos durante el
entierro. Una vez finalizado el mismo la familia se retira del lugar. Los perros se quedan. Una de
las personas los llama. Los perros acuden pero luego regresan al lado de la tumba. Durante tres
días los perros permanecen allí la mayor parte del día. Al cuarto día la familia decide consultar
con un especialista para tratar de terminar con el sufrimiento de los perros.
Como conclusión vale la pena citar una frase de Porfirio (filósofo griego, 232-304 d.C.): "Si los
hombres tienen más inteligencia que los animales, esto no es una razón para sostener que los
animales no la tienen en absoluto; del mismo modo sería erróneo sostener que las perdices no
vuelan porque los gavilanes vuelan mejor que ellas".
Sin embargo, obviamente, los perros no son siempre racionales. Ellos frecuentemente actúan de
manera irracional. Un perro que entre en pánico producto de los estampidos producidos por los
elementos de pirotecnia seguramente actuará, con el único propósito de huir del lugar, de forma
totalmente irracional. Si en un cine colmado de gente repentinamente se corta luz producto de un
principio de incendio, los humanos que allí se encuentren seguramente actuarán de manera
similar.
Antes de finalizar es importante aclarar que si bien los perros poseen los atributos analizados y
por lo tanto son emocionalmente similares a nosotros poseyendo además habilidades mentales,
no sólo sería un grave error creer que ellos se acercan a nuestra capacidad de pensamiento y
sobre todo a la del pensamiento abstracto, sino más grave aún sería creer que los humanos y los
perros somos iguales. Si bien nosotros somos parte del reino animal dado que compartimos
muchas características con otros animales, tenemos algunas características exclusivas que nos
separan de todos ellos. La más importante de ellas es la cultura, la cual ha hecho que nos
diferenciemos enormemente del resto de las especies que habitan nuestro planeta. Esta
característica que nos identifica y nuestra mayor capacidad de inteligencia y pensamiento
deberían ayudarnos a cambiar la tradicional actitud de ubicar a los humanos en una categoría total
y absolutamente diferente a la del resto de las especies. Este cambio seguramente ayudará a
valorizar la importancia del bienestar animal, tema con el cual la humanidad todavía tiene una
deuda pendiente.

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